Tecnología
La transformación del cacao
y la producción de chocolate son dos procesos diferentes que,
aunque ligados, requieren diferentes procedimientos para obtener los
productos finales. La transformación de cacao significa básicamente
convertir el cacao en grano en cacao sin cáscara, licor, manteca,
torta y polvo. La fabricación de chocolate incluye la mezcla
y refinado del licor de cacao, la manteca de cacao y otros ingredientes
tales como la leche y el azúcar.
Para poder iniciar la transformación
de los granos, se debe limpiar minuciosamente toda sustancia exterior.
Los granos pueden ser tostados con o sin la cáscara. En general
los fabricantes de chocolate prefieren tostar los granos antes de
extraer la cáscara, mientras que los transformadores de cacao
prefieren tostar el grano sin cáscara.
Una vez tostados los granos y la
cáscara extraída, se muele el cacao sin cáscara
hasta obtener una pasta que se conoce como licor de cacao. El licor
de cacao que se destina a la transformación en manteca de cacao
y torta se refina hasta obtener partículas muy pequeñas,
mientras que si su destino es la fabricación de chocolate no
es necesario molerlo tan finamente. El licor debe pasar por unas prensas
hidráulicas que extraen un porcentaje de manteca de cacao,
dejando atrás la torta de cacao.
La torta de cacao se muele hasta
obtener un polvo fino se utiliza principalmente en la industria de
la confitería y la panadería. La manteca de cacao se
utiliza en la fabricación de chocolate, mezclándose
con licor de cacao y azúcar. Una vez combinada, se vierte esta
mezcla dentro de grandes agitadores llamados conches, que la
remueven a altas temperaturas. Este proceso alisa las partículas
y puede tomar entre algunas horas y tres días. El chocolate
líquido obtenido será utilizado por la industria de
confitería, de panadería o de productos lácteos
o será convertido en barras para la venta en el mercado.

A principios del siglo XIX el holandés
Coeraad Johannes van Houten inventó el proceso de prensado
del cacao para obtener la manteca y el polvo de cacao, así
como la alcalinización para neutralizar los ácidos (que
degradan el sabor), y para mejorar el color del polvo y su disolución
en el agua. Desde entonces el procedimiento ha permanecido prácticamente
inalterado, con escaza evolución en la tecnología aplicada.